Pocas criaturas del inframundo son tan memorables como los vampiros y, entre ellos, pocos resultan tan cándidos como nuestra protagonista. Eterna treintañera y humanista convencida, reparte su existencia entre El letargo diurno en una nevera y el pulso nocturno de los conciertos. Se enamora con una frecuencia imprudente y observa el mundo a través del prisma cínico de quien ya no pertenece a él. Sin embargo, cuando su amiga Elís desaparece, el orden del inframundo saltará por los aires y deberá rea.cionar: la inmortalidad es un peso demasiado grande cuando se carga, eternamente, con la ausencia de alguien.